Acosada, maltratada y amenazada de muerte

Cuando el sistema no funciona, la vida de una mujer maltratada puede ser un callejón sin salida.

Rocío Pérez García, nombre ficticio, de momento no desea que su verdadera identidad sea mostrada publicamente hasta que se celebre los juicios que tiene pendiente contra su maltratador

Pérez, una mujer natural de Huelva y actualmente residiendo en la provincia de Sevilla, empezó sufriendo malos tratos desde que conoció a su maltratador siendo una niña con el que mantuvo una relación de 11 años de noviazgo y 13 años y medio de casada con el susodicho.

La víctima de violencia machista asegura que desde los 16 años ya empezó siendo golpeada por los malos tratos psicológicos que poco a poco fueron a más hasta llegar al daño físico. Ella no comprendía lo que le estaba pasando, no reconocía que estaba siendo una mujer maltratada, a pesar de los golpes, Pérez, seguía enamorada de su verdugo, que día tras día, después de trabajar más de 15 horas seguidas para mantener la economía de su hogar, cuando llegaba a casa ahí estaba él, su maltratador, para insultarla, vejarla y recriminarle que la casa estaba hecha “una porquería” cuando él se pasaba el día entero jugando a los videojuegos y fumando porros sin aportar nada a su familia, en la que entre la víctima y el maltratador hay un niño menor de edad sufriendo todo ese infierno.

En una de las palizas que sufrió Pérez, corrió hacia casa de los padres del maltratador pidiendo socorro, pero en lugar de eso, mientras Pérez con un ojo morado y la cara ensangrentada estaba muerta de miedo, sus ex suegros le obligaron a no acudir a un Centro Ambulatorio y le impusieron que no denunciara al padre de su hijo, ya que las paliza que le daba no eran de muerte, y así estuvo la víctima aguantando hasta que pudo darse cuenta de que su vida estaba en peligro.

En el año 2016, Pérez decidió sacar fuerzas y poner fin a esa relación, empeorando así el comportamiento violento de su maltratador, hasta el punto de que Pérez en un intento de suicidio ingirió una sobredosis de barbitúricos quedando en coma, pudiendo recuperarse en un centro hospitalario.

En abril del citado año, la víctima de violencia machista decide interponer la primera denuncia por malos tratos, estando ya en una casa de acogida, en la cual ella solicita una orden de alejamiento, que en primera instancia la fiscalía se la deniega ya que no le daba credibilidad, según Pérez, porque se excusaban en que nadie puede estar 23 años expuesta a malos tratos y no haber denunciado antes. La víctima tras nuevos episodios de violencia hacia su persona, siendo amenazada y golpeada con un martillo delante de su hijo, volvió a solicitar la orden de alejamiento que finalmente le fue concedida, y su agresor fue condenado a 2 años de prisión pero nunca llegó a pisar la cárcel.

Tras pasar unos días en una casa de acogida en Sevilla, perteneciente al Servicio integral de atención y acogida a víctimas de violencia de género de la Junta de Andalucía, Pérez es trasladada a otra vivienda en Córdoba para que su agresor no tuviera constancia de su residencia, pero al poco tiempo vuelve a ser localizada por su maltratador, ya que la abogada del mismo le dijo dónde residía. Ante estos acontecimientos vuelve a ser trasladada con su hijo a otra casa de acogida en la ciudad de Almería gestionada por la empresa privada Agise, Andaluza de Gestión de Servicios Especializados, donde la víctima asegura que sufrió otro calvario por el trato recibido por parte de dicha empresa. Según relata, una vez llegó a dicha ciudad, le entregaron un mapa y le dijeron textualmente que se buscara la vida, Pérez estaba perdida, no conocía el lugar, le robaron sus pertenencias, sólo llevaba una maleta con ropa de verano. Tras deambular por las calles de Almería preguntando como llegar a la Cruz Roja, una vez allí le ofrecieron toda la ayuda incondicional, por lo que Pérez le está tremendamente agradecida a esta institución humanitaria.

Tras seis meses residiendo  en Almería, a punto de cumplir el plazo en el que pueden permanecer en este tipo de vivienda de acogida, Pérez regresa a la provincia de Sevilla, tras vivir varios días en la calle consigue alquilar una habitación donde reside actualmente con su hijo, a la espera de que se celebren los dos juicios que tiene pendiente contra su maltratador, uno por lo penal tras la denuncia de malos tratos y otro para que se le conceda el divorcio y poner fin a este horrible capítulo de su vida.

A día de hoy, la víctima se encuentra con fuerza para seguir luchando y pide a las mujeres que están sufriendo cualquier tipo de violencia machista que denuncien a la primera señal de maltrato,  para que no pasen por todo lo que ella ha pasado o aún peor.

Comentarios   

0 #1 Fran 13-02-2018 15:49
Pasa el tiempo y no se le da una respuesta efectiva a este tipo de situaciones. Hace falta un pacto de Estado, más educación y dotar de más medios a las policías y jueces para erradicar esta lacra
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